Mareo cervical y equilibrio
Si te has mareado, no descartes que te esté afectando esta publicación.
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Por Marcos Villa. Graduado en fisioterapia
Las cervicales tienen un currículum delictivo impresionante: les atribuimos dolores de cabeza, crujidos, mareos y casi cualquier desgracia que ocurra de los hombros hacia arriba. Uno de los síntomas más frecuentes que un cuello problemático nos puede ocasionar es el mareo. Seguro que conocéis a alguien que lo ha padecido, o te ha ocurrido a tí mismo: te despiertas con el cuello dolorido, con dudas sobre si estás en tu habitación o sobre una barca en la Albufera. Preparando ya el café, un mal giro de cuello desata un desequilibrio infernal. ¿Por qué puede llegar a suceder esta situación?
Principalmente, porque el cuello participa de forma importante en el control del equilibrio. Al fin y al cabo…¡sostiene la cabeza! Nuestra columna cervical debe actuar formando un equipo perfectamente acoplado con la información visual, del oído, de la planta de los pies; cualquier problema que aparezca en estos sistemas, puede hacer que el equilibrio se venga a pique, y de ahí esa sensación de “copita de más” que nos puede llegar a atenazar.
Ahora bien, tener dolor cervical y sentirse mareado no significa automáticamente que una cosa cause la otra. Entender esa diferencia nos ayuda a elegir mejor el tratamiento y a evitar que nos “mareen” con tratamientos confusos o redundantes.

Mareo y vértigo no significan exactamente lo mismo
Como en muchos otros campos, la cuestión terminológica es importante. En el lenguaje coloquial, solemos utilizar como sinónimos “mareo” o “vértigo», pero cuando alguien dice «me mareo», puede estar describiendo sensaciones muy distintas: que la habitación gira, que el suelo se mueve, que camina inseguro o que está a punto de desmayarse. Todas merecen atención, pero no apuntan necesariamente al mismo problema.
Llamamos vértigo a una sensación de movimiento que no corresponde con lo que está ocurriendo: podemos notar que giramos, que gira el entorno o incluso que nos balanceamos. Por tanto, el vértigo no siempre se parece a una vuelta en los tiovivos. La inestabilidad, en cambio, describe esa sensación de inseguridad al mantenernos de pie o caminar. [1,2]
Quizá hayas oído hablar de «pseudovértigo». Es una palabra que suele utilizarse acompañada de “cervicogénico”, que significa “generado en el cuello”. Dos buenos “palabros” de los que nos gustan en el campo de la salud, que juntas se utilizan para describir de forma poco uniforme mareos sin giro claro provocados por alteraciones en las cervicales. Al final, resulta más útil en consulta explicar qué sientes que quedarse con esa etiqueta. Lo más importante en estos casos es afinar el diagnóstico: se debe determinar que nuestro mareo efectivamente viene del cuello, y no es un vértigo originado en otros sistemas, como por ejemplo…¡El oído!
Los pequeños cristales del oído
Una causa conocida de vértigo es el vértigo posicional paroxístico benigno, o VPPB. El nombre parece una contraseña del wifi, pero la idea es bastante sencilla: unas pequeñas partículas de calcio del oído interno, llamadas otoconias, terminan en un lugar donde no deberían estar y alteran la señal del movimiento.
Puede provocar episodios breves al acostarse, girarse en la cama o mirar hacia arriba. Para identificarlo se utilizan pruebas de posición y se observan, entre otras cosas, los movimientos de los ojos. Cuando se confirma, se trata con maniobras de reposicionamiento adaptadas al canal afectado. La conocida maniobra de Dix-Hallpike tiene evidencia cribar determinadas formas de VPPB; no es una receta para cualquier mareo, pero si puede servir para aproximar si estamos ante un problema de vértigos de origen en el oído o hablamos de otra cosa.
Aquí aparece una confusión frecuente: al mover la cabeza también movemos el cuello. Que un giro provoque mareo no nos dice, por sí solo, cuál de los dos está implicado.
El cuello también informa al cerebro
Para orientarnos, el cerebro combina la información de la vista, del sistema vestibular del oído interno y de los sensores distribuidos por músculos y articulaciones. Los del cuello ayudan a saber dónde está la cabeza respecto al tronco. Esa capacidad de reconocer la posición y el movimiento se llama propiocepción.
Una de las hipótesis sobre el mareo cervical propone que una información cervical alterada podría dificultar su integración con las señales visuales y vestibulares. Sería algo parecido a recibir indicaciones contradictorias del GPS y de tu cuñado que va de copiloto: suficiente para desconcertar a cualquiera. [4]
Investigaciones de Gwendolen Jull, Julia Treleaven y como no, de nuestro maestro el valenciano Rafael Torres Cueco [13,14] han encontrado alteraciones de la precisión del movimiento y del equilibrio en algunas personas con dolor cervical. Eso ayuda a comprender qué podemos evaluar y entrenar. Sin embargo, no existe una prueba única que permita afirmar con seguridad «tu mareo viene del cuello». Los especialistas siguen debatiendo cómo identificar ese cuadro [1,5,6], aunque la consecuencia práctica es sencilla: podemos valorar una posible contribución cervical, pero antes debemos considerar otras explicaciones. Ponerle nombre al síntoma no debe cerrar la investigación demasiado pronto.
¿Qué factores pueden favorecer la aparición del mareo cervicogénico?

Aunque el mareo cervicogénico puede aparecer en diferentes circunstancias, existen determinadas situaciones que pueden favorecer su desarrollo. Muchas de ellas están relacionadas con alteraciones de la movilidad, el dolor o el funcionamiento de los sistemas que permiten al cerebro reconocer la posición de nuestra cabeza en el espacio.
1. Accidentes de tráfico y latigazo cervical. Los accidentes de tráfico, especialmente las colisiones por alcance, constituyen uno de los antecedentes más relevantes. Durante un latigazo cervical, la cabeza experimenta un movimiento brusco de aceleración y desaceleración que puede afectar a los músculos, articulaciones y tejidos cervicales. Además del dolor y la rigidez, algunas personas desarrollan sensación de inestabilidad, desorientación o dificultad para coordinar los movimientos de la cabeza con la mirada. Estas manifestaciones pueden relacionarse con alteraciones de la propiocepción cervical, aunque después de un accidente también es necesario descartar otras causas de mareo, como una conmoción cerebral o una lesión vestibular.
2. Dolor cervical persistente. Las personas que presentan dolor cervical durante periodos prolongados pueden experimentar alteraciones en la información sensorial que llega desde los músculos y articulaciones del cuello. El dolor puede modificar el control muscular y la percepción de la posición cervical, interfiriendo en la coordinación entre los sistemas visual, vestibular y propioceptivo.
No obstante, es importante recordar que sufrir dolor cervical no significa necesariamente que vaya a aparecer mareo.
3. Alteraciones de la movilidad y del control muscular cervical. La rigidez cervical, la reducción de la movilidad y las dificultades para controlar con precisión los movimientos de la cabeza pueden asociarse con problemas de orientación espacial. En determinadas personas también encontramos dificultades para reproducir una posición concreta de la cabeza o mantener estable la mirada mientras se realizan movimientos cervicales. Estas alteraciones del control sensoriomotor son especialmente interesantes desde el punto de vista de la fisioterapia, porque pueden evaluarse y abordarse mediante ejercicios específicos.
4. Posturas mantenidas e inactividad física. Pasar muchas horas delante del ordenador, mantener el cuello en posiciones poco variadas o realizar escasa actividad física puede contribuir a la aparición o persistencia de molestias cervicales en algunas personas.
Sin embargo, no existe evidencia suficiente para afirmar que una determinada postura, por sí sola, provoque mareo cervicogénico.El problema parece ser más complejo y puede involucrar dolor persistente, reducción del movimiento y alteraciones del control cervical.
5. Cambios degenerativos de la columna cervical. La artrosis cervical y otros cambios degenerativos se han descrito en personas con mareo asociado a problemas cervicales.
Sin embargo, estos hallazgos son también muy frecuentes en personas que no presentan síntomas. Por tanto, encontrar desgaste cervical en una radiografía o resonancia magnética no demuestra que ese sea el origen del mareo.
¿Significa esto que cualquier persona con problemas cervicales puede sufrir mareos?
No. La aparición de mareo depende de múltiples factores y no todas las personas con dolor, rigidez o antecedentes de lesiones cervicales desarrollan síntomas de inestabilidad.
Además, no todo mareo acompañado de dolor cervical tiene su origen en el cuello.
Los trastornos vestibulares, la migraña vestibular, determinadas alteraciones neurológicas y otras causas médicas pueden producir síntomas similares.
Por eso, antes de acusar en un tribunal a nuestro cuello, es imprescindible realizar una valoración clínica adecuada y descartar otras posibles causas.
Antes de tratar hay que escuchar y explorar
Nos interesa saber cuándo empezó, cuánto dura, si aparece al levantarte o al girarte en la cama, si hay dolor cervical y qué actividades se han vuelto difíciles. A partir de ahí se decide qué explorar y si necesitas valoración médica, vestibular o de otro profesional.
Por ejemplo, la migraña vestibular puede producir episodios de mareo o vértigo y coexistir con molestias cervicales. También hay personas con mareo persistente que empeora de pie, con el movimiento o en entornos visualmente cargados, como un supermercado. No todo cabe en el cajón de «las cervicales». [2,7]
En fisioterapia podemos valorar la movilidad, la fuerza, el equilibrio y la precisión con la que recolocas la cabeza. Estos hallazgos ayudan a identificar el origen de los síntomas y planificar el tratamiento.
Ejercicio para recuperar movimiento y confianza
Si la valoración encuentra limitaciones cervicales o dificultades de control del movimiento, el ejercicio puede formar parte del tratamiento. El programa se adapta a lo que necesitas recuperar: girarte al caminar, mirar a ambos lados al cruzar o trabajar sin mantener el cuello rígido todo el día.
Según el caso, podemos trabajar movimientos cervicales cómodos y progresivos, fuerza y resistencia muscular, precisión del movimiento, coordinación entre ojos y cabeza y tareas de equilibrio. Los estudios apoyan mejoras en algunos de estos aspectos, aunque todavía no podemos prometer que un mismo programa elimine el mareo en todas las personas. [5,8]
La dificultad debe ajustarse a la respuesta individual. Entrenar no consiste en provocar el máximo mareo posible y esperar una medalla por aguantar. Si los síntomas aumentan claramente, persisten después de la sesión o cambian de forma, toca revisar la dosis y la valoración.
El puntero láser como profesor de puntería

En consulta podemos utilizar un pequeño puntero sujeto a una cinta en la cabeza. El punto de luz proyectado sobre una superficie permite ver hacia dónde orientas la cabeza y cómo realizas el movimiento. Es una forma de feedback visual: convierte algo que cuesta percibir en algo que puedes observar.
Por ejemplo, podemos practicar recorridos lentos siguiendo una línea o intentar volver a una posición inicial después de girar la cabeza. Después comprobamos el resultado y ajustamos la tarea. La dificultad, la velocidad y el apoyo visual se modifican según la persona. [4]
No hace falta tener la puntería de un francotirador. Buscamos mejorar el control y ganar seguridad en movimientos útiles. El puntero es una herramienta dentro del entrenamiento; no es imprescindible para todos los pacientes ni está demostrado que, por sí solo, cure el mareo.
El papel de la terapia manual
Las movilizaciones y otras técnicas manuales pueden ayudar a algunas personas. Las revisiones encuentran posibles beneficios sobre ciertos síntomas, pero la confianza en los resultados sigue siendo limitada. Por eso conviene plantearlas con objetivos concretos y comprobar si te ayudan a funcionar mejor. [9,10]
Una revisión de Rafael Torres y otros explica la terapia manual considerando los tejidos, el sistema nervioso y factores como las expectativas y el contexto del tratamiento. [15] Sobre todo ha estudiado la influencia de la terapia manual en la modulación del dolor, aunque no tanto centrado en un tratamiento específico del mareo. En la práctica, las técnicas manuales pueden acompañar al ejercicio; mejorar tras una sesión no significa que hubiera una vértebra fuera de sitio. El cuello no lleva un botón de reinicio.
Cuando se identifica un problema vestibular, el tratamiento debe dirigirse a él. La rehabilitación vestibular tiene un respaldo sólido en la hipofunción vestibular periférica, mientras que el VPPB requiere maniobras específicas. Elegir bien el tratamiento empieza por entender el problema. [3,11]
Cuándo conviene consultar con urgencia
Un mareo nuevo acompañado de visión doble, dificultad para hablar, debilidad, incapacidad marcada para mantenerse de pie o caminar, o un dolor de cabeza o cuello súbito e inusual requiere atención urgente. No esperes a una sesión de fisioterapia para comprobar si se pasa. Directo a urgencias, el cuello es un sistema muy delicado y ante un problema grave, nada de especulaciones. [12]
Si el mareo se repite, limita tu actividad o no evoluciona como se esperaba, también merece una nueva valoración. Revisar el diagnóstico es parte del cuidado, no un fracaso del tratamiento.
Lo que queremos que te lleves
Tu mareo merece una explicación y un plan adaptado a ti. El cuello puede presentar alteraciones tratables, y el ejercicio, el entrenamiento con feedback y algunas técnicas manuales pueden tener su lugar. Pero el primer paso es valorar qué está ocurriendo, sin atribuirlo todo automáticamente a las cervicales.
El objetivo es recuperar tus actividades con más seguridad. Bastantes mareos nos da ya la vida como para que tengamos que añadirle unos cuantos más.
¡…Coneiximent!
Referencias
1. Seemungal BM et al. The Bárány Society position on Cervical Dizziness. Journal of Vestibular Research. 2022;32:487–499. Consultar fuente
2. Staab JP et al. Diagnostic criteria for persistent postural-perceptual dizziness (PPPD). Journal of Vestibular Research. 2017;27:191–208. Consultar fuente
3. Hilton MP, Pinder DK. The Epley (canalith repositioning) manoeuvre for benign paroxysmal positional vertigo. Cochrane Database of Systematic Reviews. 2014;CD003162. Consultar fuente
4. Kristjansson E, Treleaven J. Sensorimotor function and dizziness in neck pain: implications for assessment and management. JOSPT. 2009;39:364–377. Consultar fuente
5. Sremakaew M, Jull G, Treleaven J, Uthaikhup S. Effectiveness of adding rehabilitation of cervical related sensorimotor control to manual therapy and exercise for neck pain: A randomized controlled trial. Musculoskeletal Science and Practice. 2023;63:102690. Consultar fuente
6. Knapstad MK, Nordahl SHG, Goplen FK. Clinical characteristics in patients with cervicogenic dizziness: A systematic review. Health Science Reports. 2019;2:e134. Consultar fuente
7. Lempert T et al. Vestibular migraine: Diagnostic criteria. Literature update 2021. Journal of Vestibular Research. 2022;32:1–6. Consultar fuente
8. Jull G, Falla D, Treleaven J, Hodges P, Vicenzino B. Retraining cervical joint position sense: the effect of two exercise regimes. Journal of Orthopaedic Research. 2007;25:404–412. Consultar fuente
9. Carrasco-Uribarren A et al. Is manual therapy effective for cervical dizziness? A systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. BMC Musculoskeletal Disorders. 2025;26:659. Consultar fuente
10. Canlı K et al. The effects of physiotherapy on neck pain with associated symptoms, including cervicogenic dizziness and tinnitus: a systematic review. BMC Musculoskeletal Disorders. 2026;27:244. Consultar fuente
11. Hall CD et al. Vestibular Rehabilitation for Peripheral Vestibular Hypofunction: An Updated Clinical Practice Guideline. Journal of Neurologic Physical Therapy. 2022;46:118–177. Consultar fuente
12. International Framework for Examination of the Cervical Region for Potential of Vascular Pathologies of the Neck Prior to Musculoskeletal Intervention: International IFOMPT Cervical Framework. PubMed: 36099171. Consultar fuente
13. Torres Cueco R. La columna cervical. Tomo 1: Evaluación clínica y aproximaciones terapéuticas. Editorial Médica Panamericana; 2008. ISBN 9788479038670.
14. Torres Cueco R. La columna cervical. Tomo 2: Síndromes clínicos y su tratamiento manipulativo. Editorial Médica Panamericana; 2008. Capítulo 8: Aproximación clínica a los síntomas pseudo-vertiginosos de origen cervical. ISBN 9788479037086.
15. De Hertogh et al. (2025). Dizziness and neck pain: a perspective on cervicogenic dizziness exploring pathophysiology, diagnostic. challenges, and therapeutic implications. Frontiers in Neurology.
16. Treleaven (2024). The Role of the Cervical Spine in Dizziness. Journal of Neurologic Physical Therapy. Consultar publicación.
17. Reiley et al. (2017). How to diagnose cervicogenic dizziness. Archives of Physiotherapy.