Sonda Back Pain: Aterrizamos en en el dolor discal lumbar (II)

Una de las patologías más prevalentes en las sociedades occidentales, y de las que más bajas laborales causas. Históricamente, de las menos comprendidas y peor tratadas. Salvo casos graves y aislados, la gran mayoría responde bien al tratamiento conservador.

Nos hemos hecho de rogar (la presión de la consulta a veces nos hace incompatible mantener el blog como se merece), pero continuamos nuestro viaje a las profundidades de nuestra columna donde lo dejamos: abordando las hernias discales y su problemática desde la visión que nos aporta la fisioterapia.

Para recapitular, vamos a compartir dos principios que debéis tener muy presentes, casi como un mantra, para guiarnos en el camino hacia la superación de los dolores de espalda:

Principio número 1: Por muy mal que pinte nuestra resonancia, los daños graves en la columna son muy infrecuentes.

Principio número 2: El movimiento es vida. No debo ser un sujeto pasivo en el tratamiento; tengo que ser activo para poder mejorar.

De el principio número uno hemos hablado en el anterior post de la serie largo y tendido: la mayoría de lesiones no son graves; los médicos están preparados para cribar los casos más serios; aquellos casos que por su infrecuencia se alejan del propósito de esta publicación (quizá hablemos de ellos en el futuro, ¡quien sabe!).

El principio número dos nos da la clave sobre la cual pivota todo tratamiento: el movimiento. La columna, sus huesos  y ligamentos; y todas las estructuras musculo-tendinosas musculo-tendinosas que la componen estan diseñadas para el movimiento. Y el objetivo final de todos nuestros esfuerzos es recuperar el movimiento normalizado de la columna lumbar, ese que ahora no podemos hacer por culpa del dolor. Puede resultar contraintuitivo, porque durante toda la vida se nos ha dicho que reposo, ibuprofeno y mucha agua; y esto en parte puede venir bien los primeros dos-tres días tras un buen «enganchón» para permitir el alivio del dolor, pero lo aconsejable es ponerse cuanto antes en marcha. El reposo prolongado en el tiempo provoca:

  • Atrofia muscular, especialmente en aquella musculatura profunda que estabiliza nuestra columna (los músculos multífidos y el transverso abdominal).
  • El sistema nervisoso cronificará el dolor. La mente estará ociosa dándole vueltas todo el rato. Aparecerá ansiedad, asaltaremos la nevera y cogeremos peso, lo cual unido al punto anterior es un cóctel peligroso.
  • Nos haremos dependientes de la medicación; nuestro pastillero será cada vez más pesado.

En resumidas cuentas, haga con su espalda lo que haría con su coche: no lo tenga parado, o este se estropeará. Y si tiene alguna avería», pase por el taller, pero enseguida vuelva a «circular».

El dolor discal lumbar: hechos y abordaje

El dolor crónico lumbar se caracteriza por crisis episódicas y recurrentes a lo largo de la vida seguido de periodos de cierta remisión y de duración variable. Moseley y Nicholas (2004) estiman que el 70% de las personas que ha padecido algún episodio de dolor lumbar lo volverán a experimentar a lo largo de su vida. Se puede experimentar a lo largo de toda la vida a partir de la adolescencia. Por regla general, las personas jóvenes tiene episodios de dolor fuertes seguidos de largas remisiones en las que no experimentan nada de dolor;  y las personas más mayores presentan crisis menos dolorosas pero en las fases de remisión no se les llega a pasar del todo el dolor. Durante la tercera edad tiende a estabilizarse el cuadro y las crisis son más infrecuentes, es decir, que no necesariamente hablamos de una enfermedad que vaya a peor.

Antes de iniciar la rehabilitación, resulta indispensable ponerse en manos profesionales para llevar a cabo una evaluación que descarte patología de columna más complicada (como inestabilidades espondilolíticas, hernias extruídas graves, etc). En la mayoría de casos, el dolor discal se nos va a presentar de la siguiente manera:

  • Dolor lumbar inespecífico, no señalable a punta de dedo, que ocupa un área más o menos difusa en la espalda baja, y que puede referise hacia un lado, bajando por la nalga e incluso por el muslo.
  • Alteraciones en la movilidad y la postura. La más corriente es la llamada «postura antálgica», que consiste en una inclinación hacia el lado contrario al dolor, como buscando huir de este.

Partiendo de la base que enumeraba el principio número dos, las fases de nuestro tratamiento serán cuatro:

  1. Educación sobre nuestro problema. Tener una buena información sobre las características de nuestro problema y sobre qué podemos hacer es lo más importante  y lo que más va a determinar nuestra mejoría, además de prevenir complicaciones o recaídas. La información siempre es igual a poder.
  2. Exposición gradual al movimiento. En fases iniciales, los fisioterapeutas pueden ayudarle a mejorar su movilidad mediante técnicas manipulativas suaves y progresivas. Pero en el medio- largo plazo, estas técnicas no han demostrado efectos significativos, y es el momento de pasar a la parte activa, realizando ejercicios de movilidad  para ir poco a poco aumentando el rango de movimiento libre de dolor.
  3. Trabajo del control motor y fortalecimiento de la musculatura profunda de nuestra espalda. Algunas actividades, como el pilates o el trabajo de core han obtenido evidencia suficiente en estudios clínicos como para incluirlas en el tratamiento. En esta fase tomamos el control sobre nuestra columna, a la par que tratamos de recuperar todas nuestras actividades de la vida diaria de forma progresiva.
  4. Incusión en nuestras vidas de actividad física general, sumando a los ejercicios anteriores el componente aérobico (natación, fitnnes, baile, marcha atlética, senderismo, etc.)
Ejemplo de propuesta de ejercicios de movilidad en fases iniciales
Ejemplo de propuesta de ejercicios de movilidad en fases iniciales

Bibliografía

  • Roland, Martin, et al. The back book: The best way to deal with back pain. TSO, 2002.
  • Illes, S. T. (2015). Low back pain: when and what to do. Orvosi hetilap, 156(33), 1315-1320.

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